lunes

Camps: "Prostitución, explotación sexual y trata son tres caras de un mismo problema"

¿Por qué decidiste cubrir el juicio de Marita Verón?

-Hacer una investigación sobre trata sexual se parece mucho a hacer una investigación policial, o mejor dicho a judicial, porque la policía siempre esta arreglada, entonces es muy difícil saber qué es lo que uno investiga para contar y que es lo que uno investiga para desenmarañar. Lo que si tiene de interesante el tema, y que fue por eso que a mí me fascino, es la multiplicidad de aéreas que aborda. Es decir, no es un caso policial, estamos hablando de corrupción, estamos hablando de política, de economía, de problemas sociales, de falta de educación, falta de escolarización, hablamos de muchas cosas y eso te permite acercarte y hablar con las personas. 

Poder hablar con las mujeres que han sido víctimas, meterte ya en lo que podría ser la cuestión psicológica, porque justamente lo más interesante que tiene el periodismo es el contacto cara a cara con las personas, que tiene un poco de periodismo y mucho de psicología.




¿Cuáles son las posturas que existen frente a la prostitución? Y ¿Cuál es tu postura?

-Hay tres posiciones frente a la prostitución. Una es la prohibicionista, que considera que hay que prohibirla, por una cuestión de moral fundamentalmente, entonces los principales objetivos de la persecución son las mujeres en situación de prostitución. La otra es la reglamentarista, que considera que debe reglamentarse, que es un trabajo como cualquier otro, que hay que regular y darle a las mujeres los beneficios sociales que puede tener la agremiación. Y la otra es la abolicionista, que considera que la prostitución no es un trabajo y considera también que no es que se deba prohibir, ni perseguir a la mujer en situación de prostitución, pero si ofrecerle otras alternativas. Las considera como víctimas de situaciones socio económicos y culturales pendientes en buena  medida una cultura patriarcal que utiliza a la mujer como objeto y además considera que no es una libre elección. Prostitución, explotación sexual y trata son tres caras de un mismo problema.

Yo soy abolicionista ciento por ciento. Considero que la prostitución es una violación a los derechos humanos y de las mujeres. Cuando las mujeres dicen mi cuerpo es mío, hago lo quiero, ¡ojalá! Cuando el tipo te pagó, hace lo que quiere, no podés imponer reglas y el sexo de la prostitución es violento. Y si tenés que recurrir a un botón antipanico, entonces no podés decir que es un trabajo que te resulta placentero, o bien elegido para estar cómoda.




En el libro La red, aparecen en reiteradas ocasiones testimonios de mujeres víctimas de trata ¿Cómo te preparaste para entrevistarlas? ¿Sus historias te afectaron en lo emocional?

-Por ahí empezás a charlar por cualquier lado, y después ves para dónde seguís el tema. Hay algunas que son más sueltas que otras. Las conversaciones con personas que sufren, esto vale para cualquier cosa en el periodismo, dejas que empiece por donde empiece la charla. A veces es un chiste, un comentario, y después ves cómo recargás.
Hay que acompañarlos en distintas situaciones que pueden ser dolorosas. Es una tarea de ablande en general. Muy difícil si lo tomas como para hacer el periodismo del día.

jueves

Paro Nacional de Mujeres: vivas nos queremos

La figura de femicidio fue incorporada en el código penal el 14 de noviembre del 2012, cuando  la Cámara de Diputados sancionó la ley 26.791, especificando así a este delito como un agravante del homicidio simple.

Sin embargo, no fue suficiente. Los asesinatos de mujeres en manos de hombres continuaron avanzando hasta que la cifra llegó a ser de un asesinato cada 36 horas. Fue así, cuando en un grito desesperado, se comenzó a escuchar #Niunamenos.





A pesar de eso, los crímenes continuaron, y fue tal su magnitud, que el 19 de octubre de 2016 se realizó un paro Nacional de Mujeres contra los femicidios.




La primera marcha ocurrió el 3 de junio de 2015, y fue histórica. De 13 a 14 hs las mujeres, vestidas de negro, pararon todas sus actividades, y al rededor de las 17 comenzaron a llegar hasta la Plaza de Mayo, donde fue el verdadero encuentro de las almas en carne viva.





Bajo una lluvia estremecedora, los paraguas se chocaban pero nadie paraba. Mujeres, hombres, niños. Todos por un mismo propósito caminando. Todos al grito de ¡Vivas nos queremos!





lunes

Yeza: "El comisario denunciado en Pinamar será el primero de muchos"

Después de que un comisario de esa ciudad fuese grabado mientras confesaba que "estaba cansado de robarle a la gente", En la mira habló con el máximo referente de la política local. 



Martín Yeza, le abrió a En la mira las puertas de su oficina en la municipalidad de Pinamar, donde trabaja desde diciembre del año pasado, cuando asumió con 29 años como el intendente más joven elegido en la última elección (ahora tiene 30).

En una charla íntima, el joven intendente no dudó en hablar sobre los temas más importantes que tocan su ciudad, como la corrupción en la policía, la falta de una planta depuradora y la renovación de las concesiones de los balnearios. También de sus inicios en el PRO y de su relación con la gobernadora María Eugenia Vidal.




Cuando se le consulta por el comisario denunciado, asegura: "Yo tenía una gran duda con este policía, que son las dudas que tenés a diario como intendente, que no sabés si la gente es perversa o sencillamente inútil. En este caso, Guiñazu era perverso”.

Por otro lado, Yeza agregó: "El jefe de calle, Victor korostynski, me escribió por Facebook porque estaba muy descontento. El comisario lo quería obligar a hacer cosas, y el muchacho no se había metido a la fuerza policial para eso. Fuimos construyendo una relación de confianza, poco a poco, hasta que me dijo que tenía el audio guardado".




Además, el intendente dice que apenas ocurrió el hecho, habló con la gobernadora Vidal: "La gobernadora lo primero que me marcó fue que protejamos al testigo, porque malos siempre va a haber, pero lo que no nos está sobrando son héroes”.

Tramitan de forma ilegal los registros para conducir

Aunque la sede del negocio está en capital, se puede tramitar en negro cédulas de todo el país. El valor del papeleo cuesta $2500.



Un vecino del barrio de Moreno (Prov. Buenos Aires), descubrió que en Facebook existe una persona llamada Jorge Fabián Piñeiro, que se dedica a poner avisos para explicar los servicios que presta.
Ofrece cursos de manejo, o la opción de conseguir la licencia sin hacer ninguna práctica y de forma ilegal por el precio de $2500.



En la mira, se comunicó con "Autoescuela Nery", una academia de manejo de Moreno con más de 20 años de experiencia, y su dueño Maximiliano Paladino informó lo siguiente: "El trámite del registro ahora se puede hacer en un día y sale $900 en Moreno. Eso depende de cada partido". Cuando se le consultó por la existencia de lugares no habilitados, agregó: "Nosotros sabemos de la existencia de estos lugares. Incluso, con el actual intendente,dentro de la misma área de tránsito de Moreno se hacen registros truchos y nosotros tenemos que luchar contra eso porque nos perjudica".


Siempre existió quienes tramitaban su licencia a través de algún conocido, o por un precio un poco más caro pero sin la necesidad de pasar por un examen. Lo cierto es que hoy nuestro país tiene una cifra muy elevada de accidentes de tráfico, y ayudando a que estos casos se hagan públicos, se aporta un granito de arena en tan poco desierto.

¡GRACIAS!

FICCIÓN: Misiles

Dos meses atrás, un día cualquiera como este, comenzó la peor de las pesadillas existentes. A medida que iba viendo el peso que iban tomando las cosas, el miedo se apoderaba de mí de manera casi incontrolable. Empecé a notar a mi familia distinta. Solían ser siempre muy simpáticos y amables entre ellos y con los demás, pero cuando fuimos capaces de darnos cuenta lo que se aproximaba, todo era horror y maltrato. Nos gritábamos por cualquier cosa, casi como si cada uno de nosotros hubiéramos sido los culpables de esta tragedia. Supongo que ninguno fue el culpable. Hubo una cadena de errores que dejó a su paso sólo muerte.

En el colegio me enseñaban que tenía que estar preparado en todo momento para que lo peor sucediera. Sentía una leve vibración en el piso y mi mente comenzaba a pensar sin parar. Me decían que debía meterme debajo de mi pupitre, o debajo de una estructura sólida que me pareciera que no se podía caer, pero yo no podía pensar en nada que no fuera salir corriendo a buscar a mi familia y refugiarnos. Por lo menos, si nos pasaba algo malo, que fuera a todos juntos. No soportaba la idea de sentirme vivo mientras sospechaba que ellos podían no estarlo. Las maestras me regañaban diciéndome que debía ser un poco más egoísta, que mi familia en ese momento no iba a estar pensando en mí, que solo iban a intentar salvarse y luego me buscarían. Nunca les creí, me era imposible imaginarme a mi madre despreocupada. Ella estaría igual de aterrorizada que yo, y seguro que iría a mi encuentro desesperada.


Ahora, aquí todo es tierra de nadie. Parece que no existe la seguridad, ni la policía. Me encuentro desprotegido. Ya  no vamos al colegio, ni salimos a jugar afuera de casa. Apenas algunas mujeres tienen coraje y se atreven a hacer las compras dos veces por semana. Mi padre tiene que trabajar porque si no lo hace, no se podría pagar el alquiler de la casa, ni el jugo que tomamos, ni la luz que consumimos. Pero el resto, todo lo que es salida que no sea indispensable; está prohibido. Hace algunos días mi vecina vino a contar que en el centro de la ciudad, las cosas están aún peor. Dice que no ha quedado en pie ningún edificio que permanezca al estado y que todo la naturaleza que amábamos ver, desapareció. Nosotros tenemos un poco más de suerte porque estamos alejados. A veces las bombas no llegan, o ni siquiera se dirigen aquí. Solemos oír el estruendo que provocan. Empieza a sonar un especie de pitido y cierro los ojos. Me aferro a lo que tengo cerca y rezo, rezo mucho. Si la bomba no cayó encima de mi casa, abro los ojos con una alegría que parece que la guerra terminó. Después, a veces, si sé que mi padre no está, esa alegría se convierte en desesperación. Veo a mi madre que empieza a llorar, e intenta llamarlo al trabajo. A veces lo atiende otra persona y casi tartamudeando le pide que le pasen con él. Esto si tenemos suerte, si las torres de telefonía son derrumbadas, no tenemos mucho para hacer, solo esperar a que vuelva con vida.


Diez años no es mucho ni poco. Aunque yo me siento mayor. Antes de que comenzara todo esto, me sentía más infantil. Pasaba mis días atrás de autitos y pelotas. En cambio, ahora, nada resulta espontáneo. Me interesan cosas distintas, trato de sentarme y mirar por la ventana a ver si puedo lograr controlar que los misiles sean desviados. En ocasiones puedo ver como algunos son derribados por nuestro país. Pero eso me hace dar más miedo, porque siento que esas personas malas se van a enojar y van a caer sobre nosotros con más enfado. No sé que pasará por las cabezas de mis amigos, algunos quizás se abrazaran a la cintura de su madre y no podrán parar de llorar. Otros meterán la cabeza debajo de la almohada para no oír la desesperación que provoca saber que algo puede estar por destruirte. Yo trato de mostrarme valiente aunque por dentro me esté muriendo. No puedo demostrarle a mi madre que estoy triste y miedoso. Además tengo una hermanita pequeña y delante de ella no puedo hacer ningún escándalo porque se asusta peor. Ella sí que demuestra su horror constante. Trato de abrazarla y decirle que todo va a estar bien, que nosotros somos gente buena que hemos hecho siempre las cosas bien. Aunque en el fondo sepa que esto no se trata de hacer o no las cosas bien. El asunto va en suerte. Hay que tener la maravillosa suerte de que no se les ocurra mirar hacia nuestra ciudad y que esa bomba o ese misil, o cualquiera de las cosas que tiran, no caiga encima de nosotros.



Me encomiendo a Dios, a la tierra, al cielo, a la vida en general y solo ruego que salgamos vivos de esta masacre. Que se acabe ya, en este preciso instante si es posible. Deseo retomar mi vida habitual, correr, jugar, hablar con otra gente que no solo sea mi familia, retomar mis estudios, poder pasear en auto. Salir algún día del fin de semana para ir a la playa. Ver el sol y que no sea a través de un vidrio. Todo cuanto sea posible daría con tal de estar en paz. Esa misma paz que hemos perdido, y que quién sabe cuándo recuperaremos, si es que algún día, después de semejante conmoción, podremos sentirnos tranquilos y a salvo.